Las radiaciones ultravioleta forman parte de los rayos solares y su intensidad se ve influida por muchos factores.

La elevación del sol: Cuanto más alto está el sol en el cielo, mayor es la intensidad de las radiaciones ultravioleta.

Latitud: Cuanto más cerca se está del ecuador, más intensas son las radiaciones ultravioleta.

Protección de las nubes: Las radiaciones ultravioleta son más intensas cuando el cielo está despejado, pero pueden ser intensas aun cuando el cielo esté nublado.

Altitud: La intensidad de las radiaciones ultravioleta aumenta 5% por cada 1.000 m de altitud.

Capa de ozono: Este gas absorbe una parte de las radiaciones ultravioleta del sol. A medida que la capa de ozono se adelgaza, aumenta la cantidad de radiaciones ultravioleta que llegan a la superficie terrestre.

Reflexión por el suelo: Muchas superficies reflejan los rayos del sol y aumentan la exposición general a las radiaciones ultravioleta.

Algunas cifras a tener en cuenta

El cáncer cutáneo está causado por la exposición a las radiaciones ultravioleta, ya sea procedentes del sol o de fuentes artificiales como las camas bronceadoras.

Es probable que la exposición excesiva de los niños y adolescentes a los rayos solares intervenga en la aparición de cáncer en etapa posterior de la vida.

La protección solar se recomienda cuando el índice de radiación ultravioleta es de 3 o mayor.

¿Cómo afectan nuestra salud?

En cantidades pequeñas, las radiaciones ultravioleta son beneficiosas para la salud y desempeñan una función esencial en la producción de vitamina D. Sin embargo, la exposición excesiva a ellas se relaciona con diferentes tipos de cáncer cutáneo, quemaduras de sol, envejecimiento acelerado de la piel, cataratas y otras enfermedades oculares.

También se ha comprobado que estas radiaciones aminoran la eficacia del sistema inmunitario.

Alteraciones en la piel

La exposición excesiva a las radiaciones ultravioleta ocasiona varias alteraciones crónicas de la piel.

Melanoma maligno cutáneo: Cáncer maligno de la piel potencialmente mortal.

Carcinoma espinocelular: Cáncer maligno que generalmente avanza con menor rapidez que el melanoma y ocasiona la muerte con menor frecuencia.

Carcinoma basocelular: Cáncer cutáneo de crecimiento lento que predomina en las personas mayores.

Fotoenvejecimiento: Pérdida de la firmeza de la piel y aparición de queratosis solares.

Daños en la vista

Las radiaciones ultravioleta ocasionan los efectos agudos conocidos como fotoqueratitis y fotoconjuntivitis.

Estos efectos desaparecen por completo, se previenen fácilmente usando gafas protectoras y no se acompañan de lesiones a largo plazo.

Efectos crónicos de las radiaciones ultravioleta:

Cataratas: Enfermedad de los ojos en la que el cristalino se va opacando poco a poco, lo que va disminuyendo la visión y acaba causando ceguera.

Terigión: Carnosidad blanca o de color crema que aparece en la superficie ocular.

Carcinoma epidermoide de la córnea o de la conjuntiva: Tumor raro de la superficie ocular.

¿Quiénes deben tener más cuidados?

Los niños y los adolescentes son particularmente vulnerables a los efectos nocivos de las radiaciones ultravioleta. La exposición excesiva de los niños a estas radiaciones probablemente intervenga en la aparición del cáncer de piel en etapa posterior de la vida. Aún no se conocen los mecanismos que intervienen, pero puede ser que la piel sea más susceptible a los efectos nocivos de las radiaciones ultravioleta durante la niñez.

El tipo de piel también es importante. Las personas de piel clara sufren más quemaduras solares y tienen un riesgo más elevado de cáncer de piel que las de piel oscura. Sin embargo, a pesar de que la incidencia de cáncer de piel es menor en las personas de piel oscura, los cánceres suelen detectarse más tarde, en un estado más peligroso. El riesgo de lesiones cutáneas, envejecimiento prematuro de la piel e inmunodepresión es independiente del tipo de piel.

¿Cómo debemos protegernos?

Limitar el tiempo que se pasa bajo el sol de mediodía.

Preferir la sombra.

Usar prendas protectoras, como un sombrero de ala ancha para proteger los ojos, el rostro y el cuello.

Usar gafas de sol cerradas a los lados que den una protección de 99% a 100% contra las radiaciones ultravioleta A y B.

En las zonas de la piel que no estén cubiertas por la ropa, untar abundantemente y renovar con frecuencia un filtro solar de amplio espectro con un factor de protección solar de 30+. La mejor protección se logra resguardándose a la sombra y vistiendo ropa protectora en vez de aplicar filtros solares. Estos no deben usarse con la idea de prolongar el tiempo que se pasa al sol, y las personas que se untan filtro solar para broncearse deben ser conscientes de la necesidad de limitar el tiempo que se exponen al sol.

Proteger a los bebés y los niños pequeños: Siempre se debe mantener a los niños a la sombra.

La importancia de la vitamina D

Si bien la protección contra la exposición excesiva a las radiaciones ultravioleta es la preocupación principal desde el punto de vista de la salud, estas radiaciones, en pequeña cantidad, son esenciales para la buena salud porque intervienen en la producción de la vitamina D por el organismo.

Esta vitamina fortalece los huesos y el sistema osteomuscular. Las personas que casi no se exponen al sol, deberían considerar, con el visto bueno del médico, la conveniencia de tomar suplementos de vitamina D.