Con sólo ser padre uno puede darse cuenta de que los jóvenes tienen un corazón grande pero no las herramientas para manejar esos sentimientos profundos.

Por lo general el hijo de uno es el mejor y debemos cuidarlo de las amistades. Los que quedan y son de nuestro agrado son contados con los dedos. Es importante comprender que a cada madre o padre le sucede lo mismo.

Entonces, podemos generalizar entendiendo que si bien el entorno familiar no es el mismo, hay factores comunes en esta etapa en donde hay 2 transiciones: de la niñez a la adolescencia y de la adolescencia a la madurez.

Tal vez no tan marcadas como en tiempos anteriores dadas las condiciones y el ritmo en que se mueve la sociedad cualquiera que sea y donde sea. Ya no son tan inocentes, el entorno los maduró en cierta forma pero a una edad muy
temprana que no concuerda con su edad. Eso los hace sentir que son más
grandes de lo que en realidad son y no hay un equilibrio. La rebeldía
es provocada por la impotencia, porque el mundo no es como ellos
quisieran ni como se lo dijeron.