Dormir bien nos hace más resistentes frente a las infecciones

El sueño es fundamental para que la memoria funcione a pleno rendimiento es algo que se sabe hace tiempo. El sueño profundo, de ondas lentas, es esencial para que lo que experimentamos durante el día se quede almacenado en forma de memorias duraderas. Pero no todo se almacena, hay una selección previa del material relevante.

Este proceso no es exclusivo del sistema nervioso, porque no es el único dotado de memoria. También el sistema inmune tienen memoria y debe su eficacia a la existencia de células que se especializan en guardar información de los microorganismos patógenos que han entrado en contacto con el organismo.

Debido a esta similitud, el sueño también es esencial para consolidar la memoria duradera del sistema inmune, indispensable para fichar a los patógenos y combatirlos con eficacia. Aunque se admite desde hace tiempo que el sueño permite la formación de la memoria a largo plazo en el ámbito psicológico, la idea de que la consolidación de la memoria inmune dependa de la eficacia del sueño es un punto de vista totalmente nuevo.

Vacunas

El objetivo de las vacunas es precisamente generar esas células de memoria duraderas mediante la exposición a un patógeno atenuado, de manera que el organismo responda de manera rápida y eficaz.

Estas células T de memoria recogen la información esencial y la guardan .La selección adecuada de la información más relevante sobre virus y bacterias es esencial y corre a cargo de otro tipo de células denominadas presentadoras de antígenos. Estas constituirían una especie de memoria inmunológica a corto plazo, equivalente a la que se almacena en el cerebro en el hipocampo.

Durante el sueño tendría lugar el traspaso de información entre estas células presentadoras y las células T de memoria, que serían el equivalente a la memoria a largo plazo del sistema nervioso, que ya no se guarda en el hipocampo, sino en la corteza cerebral. Estudios en seres humanos han
demostrado que en efecto los aumentos a largo plazo de las células T de memoria se asocian con el sueño profundo de ondas lentas después de la
vacunación.

Sueño de ondas lentas

En conjunto, los resultados apoyan la idea de que este sueño de ondas lentas contribuye a la formación de recuerdos a largo plazo a partir de la información general obtenida, lo que conduce tanto a comportamientos adaptativos como a la puesta en marcha de respuestas inmunológicas eficaces. La implicación obvia es que la falta de sueño puede suponer un riesgo tanto para el rendimiento cognitivo como inmunológico. Si no dormimos lo suficiente, destacan los investigadores, el sistema inmune podría centrarse en partes equivocadas del patógeno a la hora de hacer la selección. Esto es fundamental en el caso de los virus, que en muchos casos pueden mutar fácilmente algunas de sus proteínas para escapar de la respuesta inmune. Además, hay pruebas de que las hormonas liberadas durante el sueño favorecen la comunicación entre las células presentadoras
de antígenos y de memoria, implicadas en la respuesta inmune. Y algunas de
estas hormonas importantes pueden escasear si no dormimos bien, con la que la comunicación estaría mermada.

Los investigadores creen que la investigación futura debe centrarse en la información que se selecciona durante el sueño para ser almacenada en forma de memoria a largo plazo, y en cómo se lleva a cabo esta selección, ya sea en el cerebro o en el sistema inmune, pues consideran que podría tener importantes implicaciones clínicas.

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